Según una investigación en la que han participado científicos argentinos y alemanes, el carbono almacenado en el Gran Chaco es 19 veces superior al que se pensaba.
El caso del Gran Chaco, que comparten la Argentina (60 %), Paraguay (23 %), Bolivia (13 %) y Brasil (4 %), es emblemático.
El caso del Gran Chaco, que comparten la Argentina (60 %), Paraguay (23 %), Bolivia (13 %) y Brasil (4 %), es emblemático.
El Gran Chaco es el sistema boscoso continuo más grande y biodiverso de América del Sur detrás de la Amazonía. Su destrucción ha sido particularmente brutal en la Argentina, donde ha perdido más de 8 millones de hectáreas en las últimas tres décadas, y en el Paraguay, donde se han deforestado grandes áreas para la ganadería. Bolivia, por su parte, cuenta con más áreas protegidas, aunque los dramáticos incendios forestales de los últimos años demuestran su fragilidad.
La deforestación en la porción argentina del Gran Chaco se ha desacelerado en la última década, aunque los científicos aún no logran entender qué es lo que sucedió realmente.
La sanción de la Ley de Bosques, en 2007, coincidió con una baja en el precio de los commodities. Muchas de las áreas que quedan para limpiar de árboles y animales están lejos de la infraestructura de transporte, por lo que el costo del traslado de la producción a los centros de acopio no alcanza para garantizar una renta ventajosa. Hay lotes que se desmontan por especulación inmobiliaria y nunca llegan a tener un uso productivo. Así y todo, el ritmo del desbosque en la ecorregión se mantiene en torno a las 100 000 hectáreas anuales, que —si bien es un cuarto del pico histórico— sigue siendo muy alta.
Ahora bien, el desmonte no sólo avanza sobre la vegetación y la biodiversidad, poniéndola en alarmante peligro. También lo hace sobre comunidades nativas y criollas, muchas veces vulnerando sus derechos humanos. El reparto de la “riqueza” generada por la deforestación ha sido totalmente desigual, generando desplazamiento de comunidades que han vivido históricamente en el monte. Las provincias del Norte argentino siguen estando entre las más pobres del país.


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